jueves, 5 de septiembre de 2013

Retosachi

 

Allá,

En lo alto,

Donde las nubes más densas van dejando estelas de besos sobre las montañas,

Donde corre jugando un viento helado que penetra,

que aprisiona tallos de cristal,donde brazos y copas inermes sólo esperan con paciencia,

y un silencio de gritos apagados va tejiendo su sonido interno;

su callado silencio transita por la tierra dura,

por cañones profundos donde el eco de las voces resuena en las grutas,

que como heridas abiertas derraman la añoranza del pasado. 

Ahí, 

Retosachi.

Piedra blanca montaña

De cuya cima llueven las notas de un piano donde se posa la esperanza hundida por el sable y la promesa.

Y un lamento ancestral se confunde con la música y el viento,

Y las gotas cantarinas van cayendo

Cayendo,

Cayendo,

Una a una y se propagan como hojas secas por barrancos y cañadas.

Como fieles testigos del Gran Espíritu que en sublime y callada belleza va perdiendo su altivez, su cordura.

Y sus valles con pulmones extirpados lentamente muriendo. 

Retosachi

Cima del mundo Rarámuri donde se acaricia a la luna y un canto de estrellas se une en comunión perfecta con manos que danzan sobre el teclado,

Donde se asume la negada palabra mas da origen ahí mismo al Verbo Creador,

Al Verbo que sueña la Gran Obra y el letárgico sueño no despierta aún en su imagen;

En su infinito resplandor interno que emerge de las sombras del pasado.

Y el silencio queda.

Queda tal vez como paraíso deseado, añorando con nostálgica belleza el sumido sopor de las imágenes, 

del tiempo, 

de rostros y paisajes remotos y fijos que están ahí,

Plasmados,

Quietos,

 inamovibles.

Sintiéndose,

Viviéndolos aquí en este pequeño espacio…

Para siempre.



Gilberto Vega Zayas
Revista Amanecer núm 12
Año 2000

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